“Once again...welcome to my house. Come freely. Go safely; and leave something of the happiness you bring.” (Bram Stoker, Dracula)


Friday, April 18, 2014

Gabriel García Márquez: El último viaje del buque fantasma

Gabriel García Márquez por Alejandro Cabeza
Gabriel García Márquez por Alejandro Cabeza


Ahora van a ver quién soy yo, se dijo, con su nuevo vozarrón de hombre, muchos años después de que viera por primera vez el trasatlántico inmenso, sin luces v sin ruidos, que una noche pasó frente al pueblo como un gran palacio deshabitado, más largo que todo el pueblo y mucho más alto que la torre de su iglesia, y siguió navegando en tinieblas hacia la ciudad colonial fortificada contra los bucaneros al otro lado de la bahía, con su antiguo puerto negrero y el faro giratorio cuyas lúgubres aspas de luz, cada quince segundos, transfiguraban el pueblo en un campamento lunar de casas fosforescentes y calles de desiertos volcánicos, y aunque él era entonces un niño sin vozarrón de hombre pero con permiso de su madre para escuchar hasta muy tarde en la playa las arpas nocturnas del viento, aún podía recordar como si lo estuviera viendo que el transatlántico desaparecía cuando la luz del faro le daba en el flanco y volvía a aparecer cuando la luz acababa de pasar, de modo que era un buque intermitente que iba apareciendo y desapareciendo hacia la entrada de la bahía, buscando con tanteos de sonámbulo las boyas que señalaban el canal del puerto, hasta que algo debió fallar en sus agujas de orientación, porque derivó hacia los escollos, tropezó, saltó en pedazos y se hundió sin un solo ruido, aunque semejante encontronazo con los arrecifes era para producir un fragor de hierros y una explosión de máquinas que helaran de pavor a los dragones más dormidos en la selva prehistórica que empezaba en las últimas calles de la ciudad y terminaba en el otro lado del mundo, así que él mismo creyó que era un sueño, sobre todo al día siguiente, cuando vio el acuario radiante de la bahía, el desorden de colores de las barracas de los negros en las colinas del puerto, las goletas de los contrabandistas de las Guayanas recibiendo su cargamento de loros inocentes con el buche lleno de diamantes, pensó, me dormí contando las estrellas y soñé con ese barco enorme, claro, quedó tan convencido que no se lo contó a nadie ni volvió a acordarse de la visión hasta la misma noche del marzo siguiente, cuando andaba buscando celajes de delfines en el mar y lo que encontró fue el trasatlántico ilusorio, sombrío, intermitente, con el mismo destino equivocado de la primera vez, sólo que él estaba entonces tan seguro de estar despierto que corrió a contárselo a su madre, y ella pasó tres semanas gimiendo de desilusión, porque se te está pudriendo el seso de tanto andar al revés, durmiendo de día y aventurando de noche como la gente de mala vida, y como tuvo que ir a la ciudad por esos días en busca de algo cómodo en que sentarse a pensar en el marido muerto, pues a su mecedor se le habían gastado las balanzas en once años de viudez, aprovechó la ocasión para pedirle al hombre del bote que se fuera por los arrecifes de modo que el hijo pudiera ver lo que en efecto vio en la vidriera del mar, los amores de las mantarayas en primaveras de esponjas, los pargos rosados y las corvinas azules zambulléndose en los pozos de aguas más tiernas que había dentro de las aguas, y hasta las cabelleras errantes de los ahogados de algún naufragio colonial, pero ni rastros de trasatlánticos hundidos ni qué niño muerto, y sin embargo, él siguió tan emperrado que su madre prometió acompañarlo en la vigilia del marzo próximo, seguro, sin saber que ya lo único seguro que había en su porvenir era una poltrona de los tiempos de Francis Drake que compró en un remate de turcos, en la cual se sentó a descansar aquella misma noche, suspirando, mi pobre Holofernes, si 

Thursday, April 17, 2014

Antón Chéjov ( Антон Чехов ): Sleepy ( Спать хочется )

Antón Chéjov


Ночь. Нянька Варька, девочка лет тринадцати, качает колыбель, в которой лежит ребенок, и чуть слышно мурлычет:
Баю-баюшки-баю,
А я песенку спою...
Перед образом горит зеленая лампадка; через всю комнату от угла до угла тянется веревка, на которой висят пеленки и большие черные панталоны. От лампадки ложится на потолок большое зеленое пятно, а пеленки и панталоны бросают длинные тени на печку, колыбель, на Варьку... Когда лампадка начинает мигать, пятно и тени оживают и приходят в движение, как от ветра. Душно. Пахнет щами и сапожным товаром.
Ребенок плачет. Он давно уже осип и изнемог от плача, но всё еще кричит и неизвестно, когда он уймется. А Варьке хочется спать. Глаза ее слипаются, голову тянет вниз, шея болит. Она не может шевельнуть ни веками, ни губами, и ей кажется, что лицо ее высохло и одеревенело, что голова стала маленькой, как булавочная головка.
— Баю-баюшки-баю, — мурлычет она, — тебе кашки наварю...
В печке кричит сверчок. В соседней комнате, за дверью, похрапывают хозяин и подмастерье Афанасий... Колыбель жалобно скрипит, сама Варька мурлычет — и всё это сливается в ночную, убаюкивающую музыку, которую так сладко слушать, когда ложишься в постель. Теперь же эта музыка только раздражает и гнетет, потому что она вгоняет в дремоту, а спать нельзя; если Варька, не дай бог, уснет, то хозяева прибьют ее.
Лампадка мигает. Зеленое пятно и тени приходят в движение, лезут в полуоткрытые, неподвижные глаза Варьки и в ее наполовину уснувшем мозгу складываются в туманные грезы. Она видит темные облака, которые гоняются друг за другом по вебу и кричат, как ребенок. Но вот подул ветер, пропали облака, и Варька видит широкое шоссе, покрытое жидкою грязью; по шоссе тянутся обозы, плетутся люди с котомками на спинах, носятся взад и вперед какие-то тени; по обе стороны сквозь холодный, суровый туман видны леса. Вдруг люди с котомками и тени надают на землю в жидкую грязь. — «Зачем это?» — спрашивает Варька. — «Спать, спать!» — отвечают ей. И они засыпают крепко, спят сладко, а на телеграфных проволоках сидят вороны и сороки, кричат, как ребенок, и стараются разбудить их.
— Баю-баюшки-баю, а я песенку спою... — мурлычет Варька и уже видит себя в темной, душной избе.
На полу ворочается ее покойный отец Ефим Степанов. Она не видит его, но слышит, как он катается от боли по полу и стонет. У него, как он говорит, «разыгралась грыжа». Боль так сильна, что он не может выговорить ни одного слова и только втягивает в себя воздух и отбивает зубами барабанную дробь:

Wednesday, April 16, 2014

Edgar Allan Poe: Loss of Breath


Edgar Allan Poe


THE MOST notorious ill-fortune must in the end yield to the untiring courage of philosophy-as the most stubborn city to the ceaseless vigilance of an enemy. Shalmanezer, as we have it in holy writings, lay three years before Samaria; yet it fell. Sardanapalus-see Diodorus-maintained himself seven in Nineveh; but to no purpose. Troy expired at the close of the second lustrum; and Azoth, as Aristaeus declares upon his honour as a gentleman, opened at last her gates to Psammetichus, after having barred them for the fifth part of a century....

"Thou wretch!-thou vixen!-thou shrew!" said I to my wife on the morning after our wedding; "thou witch!-thou hag!-thou whippersnapper-thou sink of iniquity!-thou fiery-faced quintessence of all that is abominable!-thou-thou-" here standing upon tiptoe, seizing her by the throat, and placing my mouth close to her ear, I was preparing to launch forth a new and more decided epithet of opprobrium, which should not fail, if ejaculated, to convince her of her insignificance, when to my extreme horror and astonishment I discovered that I had lost my breath.

The phrases "I am out of breath," "I have lost my breath," etc., are often enough repeated in common conversation; but it had never occurred to me that the terrible accident of which I speak could bona fide and actually happen! Imagine-that is if you have a fanciful turn-imagine, I say, my wonder-my consternation-my despair!

There is a good genius, however, which has never entirely deserted me. In my most ungovernable moods I still retain a sense of propriety, et le chemin des passions me conduit-as Lord Edouard in the "Julie" says it did him-a la philosophie veritable.

Although I could not at first precisely ascertain to what degree the occurence had affected me, I determined at all events to conceal the matter from my wife, until further experience should discover to me the extent of this my unheard of calamity. Altering my countenance, therefore, in a moment, from its bepuffed and distorted appearance, to an expression of arch and coquettish benignity, I gave my lady a pat on the one cheek, and a kiss on the other, and without saying one syllable (Furies! I could not), left her astonished at my drollery, as I pirouetted out of the room in a Pas de Zephyr.

Tuesday, April 15, 2014

Víctor Juan Guillot: El vampiro

Víctor Juan Guillot


Comieron junto en el coche-comedor y salieron a fumar un cigarro en la plataforma. El hombre se encogió de hombros, sonriendo ligeramente, cuando Aliaga le recordó que infringían una disposición de la empresa; agregó algo como que existía en la vida un conjunto de leyes y reglamentaciones, que, como los cercados demasiado bajos, sólo sirven para dar a ciertos actos los incentivos de lo vedado. Hablaba con desdeñosa frialdad, alzando el labio superior de una manera particular, que dejaba ver la blancura de agudos incisivos. Aliaga lo había conocido en el Retiro, mediante la presentación de un conocido común, al tomar entrambos el nocturno de Santa Fe. No había oído claramente el apellido, sonaba como Cortínez o Martínez y otra cosa. Uno de esos nombres que dicen poco, en fin.

El tren rodaba rápidamente a través de campos obscuros y silenciosos. La noche era serena y fresa y en el azul tenebroso el cielo, las estrellas brillaban altísimas, como profundizadas en el firmamento. Fumaban en silencio; Aliaga convenía consigo mismo en que los cigarros del amigo eran excelentes. Había comido con buen apetito y se sentía inclinado a preparar calmosamente el sueño de la noche.

El tren pasó sin detenerse por frente a una estación rural y los fanales del andén iluminaron fugazmente el semblante de su mudo compañero. Aliaga tuvo un sobresalto y miró, sorprendido. Falacia de la luz sería, pero el caso es que el hombre tenía una cara inquietante. No se explicó Aliaga cómo no había reparado antes en aquel semblante alargado, – parece estirado artificialmente, pensó – donde los ojos pequeños y fríos fulguraban agudamente. En la boca, de labios finos, había un no sé qué de extraño que hizo vibrar secretamente los nervios de Aliaga.

–No es una boca humana, – díjose, iluminado de súbito. – Hay algo que no es humano en ella. Se rió en seguida, silenciosamente, de la ocurrencia. Pero había pensado en los vampiros. De todos modos, en aquella boca había algo de animalidad inferior que infundía sorda desazón en el espíritu.

Monday, April 14, 2014

Dan Simmons: Two Minutes Forty-Five Seconds

Dan Simmons


Roger Colvin closed his eyes and the steel bar clamped down across his lap and they began the steep climb. He could hear the rattle of the heavy chain and the creek of steel wheels on steel rails as they clanked up the first hill of the rollercoaster. Someone behind him laughed ner-vously. Terrified of heights, heart pounding painfully against his ribs, Colvin peeked out from between spread fingers. The metal rails and white wooden frame rose steeply ahead of him. Colvin was in the first car. He lowered both hands and tightly gripped the metal restraining bar, feeling the dried sweat of past palms there. Someone giggled in the car behind him. He
turned his head only far enough to peer over the side of the rails. They were very high and still rising. The midway and parking lots grew smaller, individuals growing too tiny to be seen and the crowds becoming mere carpets of color, fading into a larger mosaic of geometries of streets and lights as the entire city became visible, then the entire county. They clanked higher. The sky darkened to a deeper blue. Colvin could see the curve of the earth in the haze-blued distance. He realized that they were far out over the edge of a lake now as he caught the glimmer of light on wavetops miles below through the wooden ties. Colvin closed his eyes as
they briefly passed through the cold breath of a cloud, then snapped them open again as the pitch of chain rumble changed, as the steep gradient less-ened, as they reached the top.
And went over.
There was nothing beyond. The two rails curved out and down and ended in air. Colvin gripped the restraining bar as the car pitched forward and over. He opened his mouth to scream. The fall began.
"Hey, the worst part's over." Colvin opened his eyes to see Bill Montgomery handing him a drink. The sound of the Gulfstream's jet engines was a dull rumble under the gentle hissing of air from the overhead ventilator nozzle. Colvin took the drink, turned down the flow of air, and glanced out the window. Logan International was already out of sight behind them and Colvin could make out Nantasket Beach below, a score of small white triangles of sail in the expanse of bay and ocean beyond. They were still climbing.
"Damn, we're glad you decided to come with us this time, Roger," Montgomery said to Colvin. "It's good hav-ing the whole team together again. Like the old days."
Montgomery smiled. The three other men in the cabin raised their glasses. Colvin played with the calculator in his lap and sipped his vodka. He took a breath and closed his eyes.

Saturday, April 12, 2014

Salvador Elizondo: Futuro imperfecto

Salvador Elizondo



a María del Carmen Millán


La naturaleza retrocesiva y preteritante que la mera noción “el futuro” proyecta sobre lo a priori, como si la naturaleza del curso del mundo marchara en el sentido inverso al que siguen las manecillas del reloj, bastaría para concebir o formular las bases de una literatura que tiene el mismo carácter y alienta con el mismo principio que “la máquina del tiempo”. Basta correr la palanquita situada frente al asiento de bicicleta, hasta que el indicador quede colocado en P si se quiere visitar el pasado o en F si se quiere visitar cualquiera de las consecuencias de nuestra estupidez presente en el porvenir. Con sólo hacer girar la perilla reguladora hasta que la aguja señale la fecha de nuestro destino para que zarpemos y el viaje se inicie. El gobernador automático de la máquina se encarga del resto. Para volver al presente sólo se requiere volver la palanca a A. El mecanismo que regula la operación de regreso al ahora adolece todavía de algunas fallas y es difícil colocarla en la posición requerida si no se tiene experiencia en su manejo. La fotografía y todos los procedimientos de re-presentación fenomenológica se ponen al servicio del perfeccionamiento de este mecanismo que rige la vuelta al ahora. Cuando falla, unos golpecitos del puño en el tablero son suficientes, casi siempre, para que la nave vire.

Con relación al futuro todo es a priori o pasado. Cuando aparezca el asterisco:… (*) hará exactamente 3 semanas 4 días 17 horas 15 minutos 21 segundos desde que Ramón Xirau me pidió estas notas sobre el futuro para el número 36 de su revista que estaría dedicado a este asunto apasionante. No fue la menor de las sorpresas que el encargo de la redacción de estas notas me produjo, la de percatarme en ese momento de que ya en el pasado me había ocupado del futuro forzando las conjeturas, a veces, hasta los extremos y permaneciendo siempre, como en esta ocasión, en el centro absoluto del presente de indicativo que el escritor ocupa entre el pretérito remoto de los orígenes, por el encargo del editor, de la escritura que el lector tiene en estos (¿estos?) momentos ante los ojos, y el futuro conjetural dentro del que el escritor, en estos (¿éstos?) momentos, ahora que esto escribe, concibe al lector que ahora (¿entonces!) está (o estará) leyendo estas líneas.

Esta imbricada relación, que sólo tiene una expresión sintáctica o retórica, es la única que permite delimitar claramente ese campo temporal en el que la misteriosa relación entre la escritura y la lectura se dirime y que, también, es la única que permite definir a la escritura como el pasado de la lectura y a ésta como el futuro de aquélla. El lector habita en el futuro; es el futuro de un libro y también el instrumento mediante el cual el libro se traslada al pasado y se convierte en una experiencia.

Friday, April 11, 2014

Damon Knight: Not with a Bang

Damon Knight


Ten months after the last plane passed over, Rolf Smith knew beyond doubt that only one other human being had survived. Her name was Louise Oliver, and he was sitting opposite her in a department-store cafe in Salt Lake City. They were eating canned Vienna sausages and drinking coffee.
Sunlight struck through a broken pane like a judgment. Inside and outside, there was no sound; only a stifling rumor of absence. The clatter of dishware in the kitchen, the heavy rumble of streetcars: never again. There was sunlight; and silence; and the watery, astonished eyes of Louise Oliver. He leaned forward, trying to capture the attention of those fishlike eyes for a second. "Darling," he said, "I respect your views, naturally. But I've got to make you see that they're impractical."
She looked at him with faint surprise, then away again. Her head shook slightly. No. No, Rolf, I will not live with you in sin.
Smith thought of the women of France, of Russia, of Mexico, of the South Seas. He had spent three months in the ruined studios of a radio station in Rochester, listening to the voices until they stopped. There had been a large colony in Sweden, including an English cabinet minister. They reported that Europe was gone. Simply gone; there was not an acre that had not been swept clean by radioactive dust.
They had two planes and enough fuel to take them anywhere on the Continent; but there was nowhere to go. Three of them had the plague; then eleven; then all. There was a bomber pilot who had fallen near a government radio station in Palestine. He did not last long, because he had broken some bones in the crash; but he had seen the vacant waters where the Pacific Islands should have been. It was his guess that the Arctic ice fields had been bombed. There were no reports from Washington, from New York, from London, Paris, Moscow, Chungking, Sydney. You could not tell who had been destroyed by disease, who by
the dust, who by bombs.
Smith himself had been a laboratory assistant in a team that was trying to find an antibiotic for the plague. His
superiors had found one that worked sometimes, but it was a little too late. When he left, Smith took along with him all there was of itforty ampoules, enough to last him for years. Louise had been a nurse in a genteel hospital near Denver. According to her, something rather odd had happened to the hospital as she was approaching it the morning of the attack. She was quite calm when she said this, but a vague look came into her eyes and her shattered expression seemed to slip a little more. Smith did not press her for an explanation.

Thursday, April 10, 2014

Kahlil Gibran ( جبران خليل جبران ) : Vestiduras (اﻟﻤـــﻼ ﺑﺲ )

Kahlil Gibran ( جبران خليل جبران )


ﺗﻼﻗﻰ اﻟﺠﻤﺎل واﻟﻘﺒﺢ ذات ﻳﻮم ﻋﻠﻰ ﺷﺎﻃﺊ اﻟﺒﺤﺮ. ﻓﻘﺎل ﻛﻞ ﻣﻨﻬﻤﺎ ﻟﻶﺧﺮ: " ﻫﻞ ﻟﻚ أن ﺗﺴﺒﺢ؟". ﺛﻢ ﺧﻠﻌﺎ ﻣﻼﺑﺴﻬﻤﺎ، وﺧﺎﺿﺎ اﻟﻌﺒﺎب. وﺑﻌﺪ ﺑﺮﻫﺔ ﻋﺎد اﻟﻘﺒﺢ إﻟﻰ اﻟﺸﺎﻃﺊ وارﺗﺪى ﺛﻴﺎب اﻟﺠﻤﺎل، وﻣﻀﻰ ﻓﻲ ﺳﺒﻴﻠﻪ. وﺟﺎء اﻟﺠﻤﺎل أﻳﻀﺎ ﻣﻦ اﻟﺒﺤﺮ، وﻟﻢ ﻳﺠﺪ ﻟﺒﺎﺳﻪ، وﺧﺠﻞ ﻛﻞ اﻟﺨﺠﻞ أن ﻳﻜﻮن ﻋﺎرﻳﺎ، وﻟﺬﻟﻚ ﻟﺒﺲ رداء اﻟﻘﺒﺢ، وﻣﻀﻰ ﻓﻲ ﺳﺒﻴﻠﻪ. وﻣﻨﺬ ذﻟﻚ اﻟﻴﻮم، واﻟﺮﺟﺎل واﻟﻨﺴﺎء ﻳﺨﻄﺌﻮن ﻛﻠﻤﺎ ﺗﻼﻗﻮا ﻓﻲ ﻣﻌﺮﻓﺔ ﺑﻌﻀﻬﻢ اﻟﺒﻌﺾ. ﻏﻴﺮ أن ﻫﻨﺎﻟﻚ ﻧﻔﺮا ﻣﻤﻦ ﻳﻔﺘﺮﺳﻮن ﻓﻲ وﺟﻪ اﻟﺠﻤﺎل، وﻳﻌﺮﻓﻮﻧﻪ رﻏﻢ ﺛﻴﺎﺑﻪ، وﺛﻤﺔ ﻧﻔﺮ ﻳﻌﺮﻓﻮن وﺟﻪ اﻟﻘﺒﺢ، واﻟﺜﻮب اﻟﺬي ﻳﻠﺒﺴﻪ ﻻ ﻳﺨﻔﻴﻪ ﻋﻦ أﻋﻴﻨﻬﻢ.
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